|
|
Navaleno "Un Nido en el Pinar" Vivan los Quintos de 1968 - 45º Aniversario |
|
|
|
|
Fotos del 45º aniversario de los quintos de 1968. Fotos y texto de Chusja Andrés. 5 de enero de 2014.
| Los que nacimos en el 68…..
No nos enteramos de nada de lo que pasó en esa década, y fuimos más conscientes a partir del 75 o 76. Fue el año de la primavera de Praga, del terremoto de Sicilia, de la mayor matanza de civiles en la guerra del Vietnam, del triunfo de Massiel en Eurovisión con su la,la,la., de los Juegos Olímpicos de Méjico y del asesinato de Luter King. En Navaleno, en enero, como todos esos años, tocaba la Orquesta Uxama. Son coetáneos nuestros: el Príncipe Felipe, Iñaki Undargarín, los cantantes Celine Dion y Chayanne, Carla Bruni y Alejandro Sanz, y la actriz Ana Duato, entre otros. En la televisión la gente veía con mucho interés Un millón para el mejor o las series de Cristobal Colón o los invasores. Eramos como parte del final de una época y nacíamos más en una etapa contemporánea a la que ahora vivimos, con bastantes similitudes. Apenas nos acordamos de esa leche en polvo con la que se alimentaba a los pequeños desde la posguerra. Ya se estaba retirando. En Navaleno, casi estrenamos colegio, pues se construyó en el año 68 y nosotros entrábamos en el 72. Ese nacer en una etapa de transición nos marcaba. Por una parte éramos modernos, lo que pudimos ver más en los ochenta, pero por otra éramos antiguos: nos poníamos la ropa mejor los domingos, rezábamos en fila el avemaría antes en el patio cubierto antes de subir a clase, veiamos en algunas casas como se mataba el cerdo, dormíamos con la bolsa de agua caliente para calentarnos los pies… Nos tocó de chavales esa etapa de la transición, y nos acordamos de cómo tiraban las pegatinas desde los coches en las primeras elecciones de la democracia, de ver las tetas que se enseñaban en las películas, con los ultimos coletazos de las proyecciones en el cine de Navaleno. El fútbol, como lo fue en quintas anteriores y lo está siendo en la actualidad, marcó la vida infantil de algunos de los chicos de nuestra quinta. El patio de la escuela, el campo de El Raso, El Raso Lázaro o el manzanilla fueron destinos para la práctica del balompié. Otros gustaban de jugar a pistoleros o de hacer cabañas en el monte. Las chicas tenían sus casitas en los alrededores del pueblo. Se nutrían de lo que se encontraba en los basureros, primero el de a lado de la Fuente Vieja,y más tarde el que estaba junto al cementerio. Las casas se marcaban con piedras, capaces de dividir más en la mente que en el suelo, las distintas estancias y departamentos. Cada época del año era propicia para el juego. Los más mayores habían jugado a la taba, que en parte rechazábamos por su dureza. El churro va fue uno de los que más practicábamos, y juntaba a chicos y chicas bien en uno de los recodos de la escuela junto al patio o en la pared del Ayuntamiento; los cautivos en la esquina de la casa de la Anastasia, los planos en los espacios arenosos junto a la plaza, las chapas en la calleja de la Fuente. El Frontón era lugar de juego por el día y de reunión por la noche. Quizá no éramos pelotaris, pero si veíamos a los más mayores jugar a la pelota y a la raqueta, y sufríamos su prepotencia cuando nos echababn de la pista sin mediar explicaciones. Si tuvieramos que elegir un lugar en el que pasábamos muchos ratos, un poco ausentes al resto del pueblo, quiza éste sería el de las Peñas Altas, que nos parecían más altas de lo que son. Y era clara la diferenciación en juegos y lugares que tenían los de la parte de arriba del pueblo, un poco más rurales, por las casas nuevas, con la parte baja que iban de más urbanitas, los de la carretera, Carretas, Real y Alta. No hemos sido en nuestra quinta, principalmente los que fuimos al colegio, muy amigos de casarnos. La mitad de los quintos no han pasado por la iglesia para consumar el enlace. Tampoco de los niños, y de los 17 que acudíamos a las clases, tan sólo uno a tenido tres hijos; cuatro han tenido dos, y uno se ha conformado con uno. Podríamos contar mil anécdotas, curiosidades, experiencias o malos rollos, pero tampoco es cuestión de aburrir, y además, eso parece que nos hace todavía más viejos, con las historias del abuelo cebolleta. Si que en estos 45 años nos podemos haber dado cuenta que tampoco éramos el centro del universo. Que éramos y somos como las quintas anteriores y las venideras. Y que con el paso de los años, vamos cogiendo las rarezas, los ticks, la forma de comportarnos y de alegrarnos de nuestros padres, madres o abuelos.
En fin, que somos anormalmente normales y normalmente defectuosos. Que estamos soportando el órdago que nos echa la vida, y que, un poquito más mayores, pero consolados por estar en la flor de la existencia, seguimos teniendo ilusión por vivir.
Feliz 45 aniversario a todos, y que al menos lleguemos a cumplir los 46.
|